martes, 15 de noviembre de 2011

¿La migración colombo-venezolana es un beneficio social?

En su historia, Venezuela se ha caracterizado por ser un país con puertas abiertas a los flujos migratorios, los cuales se han vinculado primordialmente a actividades económicas. Raquel Álvarez de Flores en su texto ‘Evolución histórica de las migraciones en Venezuela’ (2006 – 2007) expone que en la Venezuela colonial no sólo se produjo un intercambio cultural con la población de origen europeo, sino también con Colombia, país que comparte frontera con Venezuela, ya que para la época de la colonia, la ciudad de Cúcuta funcionaba como vía de tránsito para la exportación del café. Luego del auge del petróleo y el alza considerable en los precios internacionales del mismo, los ingresos fiscales del país crecieron de manera acelerada, y esta expansión de la economía venezolana requirió una demanda considerable de mano de obra que obligó a los gobiernos a crear nuevas políticas que fomentaran la inmigración, lo cual trajo como consecuencia inmediata un alto número de inmigrantes suramericanos, siendo los colombianos el grupo más representativo, pues incluso ocupan hoy en día el mayor número de población migrante en Venezuela.


La modalidad de los flujos migratorios colombo-venezolanos se ha venido modificando en cuanto a la motivación económica (Álvarez de Flores, 2006 – 2007). Debido a los conflictos que permanecen en Colombia, el flujo de migrantes mantiene su dinámica y aumenta según lo forzosa que se vea la situación del país. Álvarez de Flores concluye que Venezuela ha sido un país abierto a las migraciones, ya sea por motivos económicos, sociales y/o políticos; a lo largo de la historia percibimos la contribución de los inmigrantes al desarrollo de la economía y la conformación de redes sociales interculturales que demuestran la vocación integracionista venezolana.


Lo que Álvarez de Flores consideró como un desarrollo económico en Venezuela, en el cual los inmigrantes aportaron su mano de obra, lo considero como el esfuerzo mínimo que tuvieron que hacer estos nuevos ciudadanos venezolanos, ya que estaban refugiados en un territorio que ahora les proporcionaba toda la ayuda necesaria. Si nos ubicamos en el mismo contexto histórico que trabajó Álvarez, en las décadas ubicadas entre 1952 – 1990, Venezuela no sobrepasaba los 18.500.000 de habitantes y el 5,5% de la población eran inmigrantes documentados, según el Instituto Nacional de Estadística. Para el año 2003, manejando todavía las cifras del INE, la población total de Venezuela rodeaba los 24 millones, de los cuales el 32,2% eran inmigrantes registrados, y de la población total venezolana, el 15,2% estaban desempleados. Si consideramos que el núcleo familiar consta de 5 miembros aproximadamente, podemos afirmar que 18 millones de personas (75% de la población) se encontraba afectada de manera directa o indirecta por el problema de la falta de oportunidades de trabajo (Tayhardat, 2003).


Si bien es cierto que los colombianos migran a Venezuela por conflictos y pugnas internas en su país de origen, además de buscar una mejor calidad de vida, no podemos omitir el hecho de que  al ser empleado del sector público y/o privado le restringe la posibilidad de empleo y surgimiento a un ciudadano nacido en Venezuela, que probablemente esté afrontando una crisis económica similar y necesite de igual manera una fuente de ingreso estable para sobrevivir. Un informe de la organización ‘Colombianos en Venezuela’ indica que la mayoría de los colombianos inmigrantes en Venezuela, tienen un ingreso promedio mensual de mil seiscientos bolívares, producto de su trabajo en instituciones privadas (González, 2009).


Lo que en la década de los años setenta había sido un proyecto con fines para el desarrollo económico del país, con esto me refiero a la contratación de extranjeros calificados (técnicos, técnico-medios y profesionales) para trabajar en las industrias privadas venezolanas (Álvarez de Flores, 2006 – 2007), debido a que no existía personal con experiencia o calificado suficiente en Venezuela para ejercer este tipo de trabajos, trajo consigo que se implementara una política de visas para turistas más un documento de trabajo que sustentara que el inmigrante había sido seleccionado para trabajar en el país, y, este proyecto, trajo además, una serie de oleajes migratorios hacia Venezuela por parte de los colombianos que estaban menos capacitados para los empleos que necesitaban personal en Venezuela además del hacinamiento de un gran número de personas en las zonas marginadas de las ciudades, agregándole a esto, una entrada ilícita al país que perjudicaba el control migratorio y teniendo como resultado una menor cantidad de venezolanos empleados.


Cifras de la organización ‘Colombianos en Venezuela’ indican que en promedio, 301 colombianos cruzan la frontera diariamente en busca de nuevas oportunidades en el territorio venezolano. Juan Carlos Tanus, representante de la organización, expresó que las razones de movilidad ya no están única y exclusivamente en un solo miembro de familia, sino que están migrando a Venezuela las familias enteras.

Tenemos un colombiano que históricamente ha estado vinculado al campo, entonces, viene a ser buhonero en Petare o en cualquiera de los 21 municipios del estado Miranda, donde hay una mayor concentración. Ese es el colombiano que está propenso a ser penetrado por las estructuras de la conflictividad urbana como la drogadicción y la prostitución. Son más propensos a ser infectados por esos problemas, sin que ello signifique que el inmigrante traiga como tal de la droga y el conflicto.


Además, el representante Tanus afirmó en la entrevista realizada para el periódico Últimas Noticias en el año 2007, que algunos colombianos son perseguidos políticos y vienen al país con un trauma psicológico, causando dificultad para adaptarse a una nueva sociedad.


La inmigración colombiana en el territorio venezolano ha sido un fenómeno que trajo al principio un desarrollo económico, sin embargo, al ser el gobierno venezolano un ente que no ha sido capaz de controlar las inmigraciones ilícitas, ya que las cifras del INE muestran cada vez más altos números de inmigrantes indocumentados en Venezuela, no deberíamos seguir aceptando personas que probablemente obtengan empleos formales que podrían ser aprovechados por venezolanos, o que, en el peor de los casos, que estos migrantes vengan en busca de una mejor calidad de vida y terminen exponiendo sus vidas al hacinarse en las zonas marginales de la ciudad, teniendo como fuente de ingreso, dinero proveniente de negocios informales, los cuales se han convertido en una carga innecesaria para la economía venezolana.


La medida más neutral para solucionar el problema de los flujos migratorios ilícitos en territorio venezolano sería, principalmente legalizar a los inmigrantes que poseen ya una familia y un trabajo al cual ya estén acostumbrados, adaptados y que además, les proporcionen una fuente de ingreso necesaria para la vida en Venezuela. Además, es estrictamente necesario que se mejore el control de migración, enfocado principalmente en los extranjeros que entran al país, para no tener cifras tan altas de inmigrantes indocumentados, así como también, debería crearse nuevas políticas en las fronteras venezolanas, las cuales no permitan de manera alguna el ingreso ilícito al país. También, debería retomarse la medida implantada en 1976, donde se centralizó a través de la Dirección de Identificación y Extranjería (DIEX) un permiso de trabajo por un tiempo determinado (Álvarez de Flores, 2006 – 2007). 

Aquí comenzamos...

Ante todo, bienvenidos a mi blog. Soy una estudiante de la Universidad Central de Venezuela, de Estudios Políticos y Administrativos. El objetivo de mi blog es expresar libremente mis ideologías, ilustrar a los demás en temas que nos conciernen a todos como es la política actual y asuntos tanto interiores como exteriores para lograr un fin que he querido alcanzar desde hace un tiempo: la culturización y educación. 

Apartando la demagogia, los políticos del hoy tienen razón en punto: la educación es el motor del progreso y la democracia. Sin embargo, aquí también encontrarán que para llegar al progreso necesitamos, además de la educación, sentido de nacionalismo, aspiraciones económicas y libertad de expresión, pensamiento y tránsito.

Aquí comenzamos el camino de la ilustración y el pensamiento crítico. Por una mejor Venezuela, que está más cerca de lo que pensamos.


Gabriela Petit.